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martes, 27 de abril de 2010

Ceremonia del té


Te encuentro...

Te escucho...

Te hablo...

Te abrazo...

Te beso...

Te tengo...

Te aprieto...

Te atrapo...

Te absorbo...

Te asfixio...

¿Te quiero?


"Cuentos para pensar", Jorge Bucay.

La foto es de la obra de Abril Montealegre,
Son bordados sobre bolsas de té sin usar.

domingo, 18 de abril de 2010

Una minificción.


ECOSISTEMA
José María Merino

El día de mi cumpleaños, mi sobrina me regaló un bonsái y un libro de instrucciones para cuidarlo. Coloqué el bonsái en la galería, con los demás tiestos, y conseguí que floreciese. En otoño aparecieron entre la tierra unos diminutos insectos blancos, pero no parecían perjudicar al bonsái. En primavera, una mañana, a la hora de regar, me pareció vislumbrar algo que revoloteaba entre las hojitas. Con paciencia y una lupa, acabé descubriendo que se trataba de un pájaro minúsculo. En poco tiempo el bonsái se llenó de pájaros, que se alimentaban de los insectos. A finales de verano, escondida entre las raíces del bonsái, encontré una mujercita desnuda. Espiándola con sigilo, supe que comía los huevos de los nidos. Ahora vivo con ella, y hemos ideado el modo de cazar los pájaros. Al parecer, nadie en casa sabe dónde estoy. Mi sobrina, muy triste por mi ausencia, cuida mis plantas como un homenaje al desaparecido. En uno de los tiestos, a lo lejos, hoy me ha parecido ver la figura de un mamut.


(en Días imaginarios, 2002)
La foto la tome de aquí.

miércoles, 10 de marzo de 2010

El celular de Hansel y Gretel


Leí este post en el blog de Capricornio de Luz, investigando un poco encontré al autor. Confieso que soy una de esas heroínas perezosas... tal vez por eso me hizo tanta gracia.

El celular de Hansel y Gretel por Hernán Casciari

Anoche le contaba a la nieta Alejandrina un cuento infantil muy famoso, Hansel y Gretel. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice justo en ese punto: 'No importa. Que lo llamen al papá por el móvil'.

Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura si el teléfono móvil hubiera existido siempre. Cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer y qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.

Piense el lector ahora mismo, en una historia clásica.

Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. Un teléfono con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda. ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, chatear, hacer videoconferencias y enviarse mensajes de texto? Nooo, no funciona un carajo.

Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que Ulises regrese del combate y Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.

Un enorme porcentaje de las historias de veinte siglos atrás, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Existieron gracias a la ausencia de telefonía móvil.

Ninguna historia de amor hubiera sido trágica si los amantes hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica Romeo y Julieta, basa todo su dramatismo en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:

M HGO LA MUERTA,

PERO NO TOY MUERTA.

NO T PRCUPES NI

HGAS IDIOTCES. BSO.OK ?



Y las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían fundamento, no se hubieran escrito nunca, si hubiera existido la promoción 'Banda ancha móvil' del ICE.

Muchas obras importantes hubieran tenido que cambiar el nombre por otros más adecuados. Por ejemplo la novela de García Márquez "Cien años de soledad" se llamaría 'Cien años sin conexión' y narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick pero a nadie le funciona el messenger (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmorni g).

La famosa novela de James M. Cain -'El cartero llama dos veces'- escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría 'El gmail me duplica los correos entrantes' y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.

En la obra 'El jotapegé de Dorian Grey', Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.

La bruja del clásico 'Blancanieves' no consultaría todas las noches al espejo sobre 'quién es la mujer más bella del mundo', porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90¤ la conexión y 0,60¤ el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.

Todo el cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.

La telefonía inalámbrica nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.

Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora? No. Le enviaremos un mensaje de texto. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador.

Nuestras tramas están perdiendo el brillo porque nos hemos convertido en héroes perezosos.

martes, 1 de septiembre de 2009

2 cuentos de princesas

Las 4 princesas ancianas.


Había una vez un castillo brillante en el que vivían 4 princesas ancianas. Había una bruja que les robaba las cosas. Un día el gato y el perro de las princesas rasguñaron a la bruja y se murió.
Las princesas ancianas se pusieron sus diademas brillantes y sus vestidos de colores y fueron muy felices.


El gato, la pelusa y la princesa


En un castillo brillante había un gato. El gato se encontró una pelusa y se la llevo a la princesa. La princesa lo abrazó y le dió un beso. El gato se convirtió en príncipe y luego en gato y se fue a cazar ratones. La princesa fue muy feliz.

Los cuentos me los contó Sol (3 años),
los dibujos son de Aara (7 años).










martes, 7 de julio de 2009

La distancia a la luna.

Entre tanto corre y corre, se me había olvidado que hoy es luna llena de aquelarre. Más abajo vienen algunos fragmentos de un cuento de Italo Calvino que me gusta mucho.
¡Feliz luna!


Hubo un tiempo, según Sir George H Darwin, en que la Luna estaba muy cerca de la Tierra. Las mareas fueron poco a poco empujándola lejos, esas mareas que ella, la Luna, provoca en las aguas terrestres y en las cuales la Tierra pierde lentamente energía.

¡Claro que lo sé –exclamó el viejo Qfwfq–, ustedes no pueden acordarse, pero yo sí. La teníamos siempre encima, a la Luna, desmesurada...
…El agua estaba aquellas noches tranquilísima, plateada que parecía mercurio, y los peces, adentro, violetas, que no podían resistir a la atracción de la Luna y salían todos a la superficie, y también pulpos y medusas de color azafrán. Había siempre un vuelo de animalitos menudos - pequeños cangrejos, calamares y también algas livianas y diáfanas y plantitas de coral - que se despegaban del mar y terminaban en la Luna, colgando de aquel techo calcáreo, o se quedaban allí en mitad del aire, en un enjambre fosforescente que ahuyentábamos agitando hojas de banano…
…Ahora me preguntarán ustedes qué diablos íbamos a hacer en la Luna, y les explico. Íbamos a recoger leche, con una gran cuchara y un balde. La leche lunar era muy densa, como una especie de requesón. Se formaba en los intersticios entre escama y escama por la fermentación de diversos cuerpos y sustancias de origen terrestre, procedentes de los prados y montes y lagunas que el satélite sobrevolaba.


Fragmentos del cuento “La distancia a la luna” de Italo Calvino.
El cuento completo lo encuentran aquí
y los créditos de la foto aquí.

jueves, 26 de febrero de 2009

A Bao A Qu

Créditos de la foto aquí.

"Para contemplar el paisaje más maravilloso del mundo, hay que llegar al último piso de la Torre de Victoria, en Chitor. Hay ahí una terraza circular que permite dominar todo el horizonte. Una escalera de caracol lleva a la terraza, pero sólo se atreven a subir los no creyentes de la fábula, que dice así:
En la escalera de la Torre de la Victoria, habita desde el principio del tiempo el A Bao A Qu, sensible a los valores de las almas humanas. Vive en estado letárgico, en el primer escalón, y sólo goza de vida consciente cuando alguien sube la escalera. La vibración de la persona que se acerca le infunde vida, y una luz interior se insinúa en él. Al mismo tiempo, su cuerpo y su piel casi traslúcida empiezan a moverse. Cuando alguien asciende la escalera, El A Bao A Qu se coloca en los talones del visitante y sube prendiéndose del borde de los escalones curvos y gastados por los pies de generaciones de peregrinos. En cada escalón se intensifica su color, su forma se perfecciona y la luz que irradia es cada vez más brillante. Testimonio de su sensibilidad es el hecho de que sólo logra su forma perfecta en el último escalón, cuando el que sube es un ser evolucionado espiritualmente. De no ser así el A Bao A Qu queda como paralizado antes de llegar, su cuerpo incompleto, su color indefinido y la luz vacilante. El A Bao A Qu sufre cuando no puede formarse totalmente y su queja es un rumor apenas perceptible, semejante al roce de una seda. Pero cuando el hombre o la mujer que lo reviven están llenos de pureza, el A Bao A Qu puede llegar al último escalón, ya completamente formado e irradiando una viva luz azul. Su vuelta a la vida es muy breve, pues al bajar el peregrino, el A Bao A Qu rueda y cae hasta el escalón inicial, donde ya apagado y semejante a una lámina de contornos vagos, espera al próximo visitante. Sólo es posible verlo bien cuando llega a la mitad de la escalera, donde las prolongaciones de su cuerpo, que a manera de bracitos lo ayudan a subir, se definen con claridad. Hay quien dice que mira con todo el cuerpo y que el tacto recuerda a la piel del durazno.
En el curso de los siglos el A Bao A Qu ha llegado una sola vez a la perfección.El capitán Burton registra la leyenda del A Bao A Qu en una de las notas de su versión de las Mil y Una Noches.

"El libro de los seres imaginarios", J.L. Borges con Margarita Guerrero

jueves, 13 de noviembre de 2008

El Círculo de Baba

"No hizo más que esperarla: la besó y durmió al llegar y trazó un círculo de baba con un medical style. Y no dejó que nunca más sufriera: Sissí murió de hambre y vanidad... amar, amar y tuvo muerte lenta..."

"Sasha y Sissi y el Círculo de Baba", Fito Páez del disco "El amor después del amor".

Cuenta el mito que el Sapo vivía preocupado por la Serpiente. Mientras esta se moviera libremente, el Sapo, caería siempre vencido frente a ella. El Sapo echó mano de un recurso mágico, que funcionó de un modo desbastador. Hizo salir de su boca una baba con la que fue encerrando a la Serpiente en un círculo. Cada vez que la Serpiente intentaba pasar el borde, el Sapo escupía más baba, y la Serpiente, literalmente, rebotó siempre contra ese límite. Una vez encerrada ahí, se acomodó a vivir dentro del círculo que el Sapo le trazó.El final de la historia es siempre el mismo: la Serpiente, representante de lo nuevo, muere dentro del círculo que el Sapo, representante de lo viejo, le traza con su boca.Los mitos enseñan a través de narraciones que se mantienen en el tiempo porque contienen la misma estructura que la psiquis humana. Esta imagen tan fuerte y estructural que aparece representada en el mito del Sapo y la Serpiente es la misma que nos constituye como humanos.Para que alguien nazca, es preciso darle un lugar. Primero se le da un lugar de pensamiento, luego en la familia, en el espacio físico, en la sociedad. Se le da un nombre y se va construyendo en el una forma de pensar, una estructura.Un círculo donde habitar y dentro del cual moverse. Así va aprendiendo de Otro como es el mundo, lo que está bien y lo que está mal, lo que se debe y lo que no se debe, y fundamentalmente lo que se puede y lo que no se puede.Va aprendiendo como debe ser, como debe Ser para ser aceptado en el mundo de ese Otro. Para ocupar, en definitiva, lo que se nombra como Objeto de deseo del Otro.En épocas de crisis, como la actual, para la mayoría de las personas no es fácil atraer lo necesario al círculo. Y en este sentido la crisis aparece encarnando el doble significado que le dan los chinos a esta palabra: peligro y oportunidad. Peligro de que si nos quedamos dentro de los círculos que nos han trazado en muchos casos no podremos sobrevivir. Oportunidad en el sentido de que la crisis nos obliga a intentar salir del círculo, ampliar nuestro mundo y crear espacios propios... Pero para eso hay que desafiar al Sapo.Es bueno preguntarse dónde se oculta el sapo, ya que desde allí teje el círculo de baba en el que quedamos atrapados sin saberlo:Está en las creencias que creemos; en las creencias que nos frenan; en las creencias que desconocemos que creemos; en los mensajes de Otro que creemos propios; y en las construcciones mentales antiguas, inconscientes, que dirigen nuestra realidad actual, en todos los ámbitos de nuestra vida.

Lic. Elina Duprat

sábado, 9 de agosto de 2008

Un cuento de amor



"Rudolf, con la cabeza levantada y reclinado en su cadencioso cuerpo la miraba con sus profundos ojos verdes. Ella, esbelta y apetitosa, bailaba enfrente y en torno a Rudolf apenas sin tocar el suelo. Él -es de suponerse- estaba en posición de ataque, con esa nerviosidad serena que siempre le fue tan característica. Ella, seductora, como si no se diera cuenta de la situación, seguía exhibiéndose alegre y provocativa. Rudolf, entonces, de un sólo movimiento atrapó entre sus fauces gatunas a la mariposa, y, de dos mordidas, se la comió."


Se me hace que el tal Rudolf es el de panza cuadrada del post anterior que, como quien no quiere la cosa, coquetea con la libélula.


jueves, 22 de mayo de 2008

Menis y los dinos nocturnos


A mi me gustan los dinosaurios. En navidad: las primas, los tíos y los abuelos me regalaron tantos que ahora tengo una manada de 54 bichillos que viven debajo de mi cama.
Mi mamá y mi papá no se han dado cuenta, pero por la noche lo revuelcan todo. Tengo uno que usa sus garras en forma de gancho para escalar las cortinas y otro pequeñito, azul y de mal humor, que se escapa a la cocina porque le gusta el jugo de naranja. Los demás no salen del cuarto prefieren organizar carreras de carritos y dibujar en mis cuadernos de la escuela. Sobre todo les gusta zambullirse en la canasta de la ropa sucia o contar chistes sobre los animales de la selva.
De día duermen… y la verdad, es mejor que lo hagan. Una vez pasaron la tarde entera jugando con mis primas. Por culpa de esa visita, ahora tengo un braquiosauro que da besitos, tres tiranosaurios que bailan y cantan a coro las canciones de las “chicas populares”, un iguanodonte que sueña con vivir en el edifico de apartamentos de Barbie y un estegosaurio que se pone morado de la risa cada vez que me llama a gritos: “Menis”. Yo me pongo muy serio para que entienda que estoy enojado y le contesto: “Yo no me llamo Menis. Yo me llamo Eugenio y mis dinosaurios son nocturnos.”

Las ilustraciones son de Pablo Granados. Haga click aquí para ver más ilustraciones. El cuento es de la serie que estoy escribiendo para mis sobrinos.

viernes, 16 de mayo de 2008

Choy Ato-Toya y los lagartos



Es chiquita y morena como fríjol de campo. Cada palabra sin sentido que pronuncia se le enreda entre el pelo alborotado y la hace volar cada vez más y más lejos.
Así llego, hablando y volando, una Semana Santa hasta Ortega de Santa Cruz. Del río Charco pasó al de Las Plamas y así, siempre hablando y volando de río en río, convenció a cada lagarto de irse a descansar unos días con sus primos del Tárcoles. Unos cuantos flashes turistas eran mucho mejor que quedar con la panza al viento frente a los vecinos y curiosos del pueblo que insistían en la dichosa “Lagarteada” de cada Viernes Santo.
Solo uno no la escuchó y por sordo salió en la noticias de la noche: “…tras varias horas de búsqueda dieron con un lagarto que al final no resultó ser tan grande como esperaban…. En esta ocasión la Lagarteada fue suspendida en un principio por el Ministerio de Ambiente y Energía, pero tras una negociación con los vecinos llegaron al acuerdo de efectuarla….”
Por supuesto los del ministerio nada hicieron y aunque al sordo lagarto nada le paso, bien se va a cuidar de no escuchar a la Choy Ato-Toya cuando regrese hablando y volando.



Este es el primero de una serie de cuentos que estoy escribiendo para mis sobrinos.
Esta es la historia de Sol que más chiquita se llaman a si misma Choi.

Las ilustraciones son de Pablo Granados. Haga click aquí para ver más ilustraciones.




lunes, 3 de marzo de 2008

Lindo como las veraneras.

bouganvillea av

No recuerda ya los dolores del parto, no recuerda los viajes que la llevaron por los rincones más remotos, ni los matrimonios de sus hijos, ni los bautizos de sus nietas y a veces tampoco los nombres de los bisnietos. Hace mucho olvidó las humillaciones del matrimonio y se rehúsa a recordar otras mil desgracias cotidianas, pero recuerda claramente el camino embarrialado por el que hace ya muchas décadas regresaban los jornaleros del campo. Recuerda el calor del sol pegando de frente al corredor y la curiosidad de ver al chiquillo aquel entre los hombres.
Nunca cruzaron más que un “buenos días” o un “buenas tardes” pero cuando le pregunté por su primer amor no dudó ni un segundo: “Lindo Morales”
Solo puedo imaginarlo lindo como las veraneras en flor, lindo como la piel sedosa de los congos recién nacidos, lindo como las primeras hojitas tiernas del invierno, lindo como las partículas de polvo que se suspenden eternamente entre los rayos de sol, lindo como la libertad de aquellas fincas turrialbeñas que jamás conocí. Pero ella mucho más práctica, menos ingenua e infinitamente más sabia que yo, simplemente lo recuerda Lindo, como Hermelindo Morales

jueves, 21 de febrero de 2008

Mulurtmi o la Diosa del Mar

Mulurtmi
-Los bribris somos temerosos del mar, casi nunca nos adentramos en él. Quizás por eso le inventamos una bonita leyenda:
Mulurtmi era una mujer muy inquieta, siempre en movimiento. Un día fue a visitar a un awá. Cuando un awá guarda ayuno, no puede tocar a nadie, aclara Juanita Segundo al recrear la leyenda. Mulurtmi le pidió permiso de acostarse en su hamaca. No le costó mucho convencer al curandero. Entrada la noche, ella sintió deseos de orinar. Como estaba tan oscuro, le pidió su bastón prestado. Un awá nunca debe separarse de su bastón, pero Mulurtmi sabía cómo persuadir a los hombres. “Llévalo, pero no lo sueltes ni dejes que caiga al suelo”, recomendó el awá. Ella no hizo caso alguno y cuando intentó recuperar el bastón de la tierra, éste se convirtió en serpiente y la mordió. El awá no pudo curarla. Ella murió, pero su vientre crecía y crecía. “Dios, como es Dios, sabe lo que ella significa”, apunta Juanita, así que mandó unas ranitas a posarse en su estómago para que no estallara. Las ranas escucharon ruidos misteriosos en las entrañas de la diosa muerta. Era una criatura llorando desconsoladamente. Las ranitas se pusieron a arrullarla, pero el vientre seguía inflándose hasta reventar y lo que brotó fue un árbol y mucha agua salada. El árbol creció y creció, traspasó la bóveda del cielo. Sibú comenzó a preocuparse y envió a unos hombres a cortarlo, pero el árbol se sellaba cada vez que lo herían, porque los hombres comían alimentos secos. El árbol estaba a punto de romper el techo cósmico. Fueron enviados otros hombres que hundían el hacha en el tronco y sólo conseguían sacar astillas. Sibú mandó entonces a Okama y otros espíritus que al fin derribaron el árbol y, antes de que las aguas se perdieran en el espacio, mandó al venado a circundar la tierra para que el gran océano derramado de las entrañas de Mulurtmi quedase como un anillo alrededor del mundo. Fue así que las hojas se convirtieron en peces, las loras en tortugas, la araña en pulpo o en estrella de mar; y muchos pájaros que habían hecho su nido en el gran árbol se quedaron viviendo cerca del mar, como las gaviotas y las fragatas. Ese fue el mar apacible, intempestuoso, a veces femenino, que surcó Colón, el mar Caribe.
Tomado de "Sibú, los bribris y la diosa del mar" escrito por Yazmin Ross

jueves, 14 de febrero de 2008

La prioridad

Hoy que tuve mañana de hospital recordé un cuento corto de Fernando Contreras. Si no lo han leído búsquenlo por que es muy bueno.

La prioridad
No sin cierta parsimonia, los detalles de la intervención fueron expuestos uno a uno. Después se habló de los riesgos: ¡No eran pocos!
Se habló por último de las condiciones en las que se continuaría... en el mejor de los casos: ¡No eran halagüeñas!
Hubo un silencio tangible seguido de una voz apagada:

“Usted Sálveme, después yo decido si quiero seguir viviendo o no”.



Urbanoscopio, Fernado Contreras.