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domingo, 25 de abril de 2010

Kuàkua o mariposa en bribri.





"Mariposa. Sibö hizo a las mariposas como mujeres y mandó su espíritu a un pozo. Como vio que eran bonitas, ideo la forma de verlas bañándose. Presintió que se iba a matar a causa de ellas¸ por ello buscó al zopilote (ölö), la mosca, el armadillo bulù, el armadillo Tsawì, y también a Sula’, el artesano. Les explicó que cuando él muriera tenían que comerse todo su cuerpo y que Sula’ debía preguntar dónde estaban las partes de Sibö. Luego Sibö se fue hasta donde estaban los espíritus de las mariposas y las libélulas (tkabëwak) y allí vio muchas mujeres. La laguna era muy grande y ellas estaban en el centro, lavando ropa y lavándose el pelo. La laguna estaba en Kámuk, la casa de Bukùbulu. Como no podía acercarse por la orilla, se subió a un árbol, la rama del árbol se vino al suelo y Sibö cayó de golpe y se reventó. Todos los animales vinieron y se comieron diferentes partes del cuerpo: el zopilote se comió el ojo izquierdo, el rey del zopilote (ölöbulo) se comió el ojo derecho; tsawi’, el hígado; bulùr el corazón; las moscas, la sangre. Sula’ recogió cuidadosamente la carne, limpió los huesos y los unió; luego le preguntó al cuerpo dónde estaba cada una de sus partes y este se movía señalando al animal que se la había comido. Entonces Sula’ obligó a cada uno a vomitar el órgano. El padre de Sibö (Sibókomo) le dijo a Sulá que lo soplara y lo limpiara con agua del río. Así Sibö revivió, pero se enojó mucho con las mujeres, por eso las cogió, las rego por el aire y ellas se fueron convertidas en mariposas hasta su lugar de origen." VINC3-87.

Carla Victoria Jara Murillo, Ali García
y Carlos Avendaño.

"Specimens" es una instalación
de Elsa Mora sobre mujeres y su obra.
Aquí pueden visitar su blog.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Iriria, la niña tierra.

Créditos dela foto aquí.

"La tierra era pura roca, piedra desnuda, carente de vida; entre tanto, Pikiru, el Gran Murciélago, se internó en el inframundo y allí se encontró con Iriria, la Niña Tierra, quien estaba dormida y sin nacer; no obstante, le hacía compañía la Gran Abuela. Pikiru voló hacia el exterior y, de sus deyecciones, las rocas comenzaron a cubrirse y rodearse de musgo, hierba, incluso árboles. Sibú, el Hacedor, estaba estupefacto ante los acontecimientos e inquirió directamente al Gran Murciélago sobre su medio de alimentación. Pese a sus primeras negativas, Pikiru al final confesó que había una niña, quien duerme bajo las rocas, a la cual le extrae sangre de sus dedos. Sibú ordenó la presencia inmediata de Iriria, la Niña Tierra. Nadie pudo con la tarea, ni el Gran Murciélago, ni el Dueño del Puercoespín, ni la Dueña del Tigre. No pudieron romper la roca y, con ello, traerla al mundo exterior. Aún Kerma, el Trueno, mediante grandes retumbos, no logró sacar a la Niña Tierra, quien pesaba demasiado. Sólo fue posible llevar a cabo la misión con el concurso de la Gran Abuela: tras un fortísimo estruendo, subió a la Niña Tierra en brazos y la colocó en el suelo. Sibú convocó a una fiesta de danza y de música. La Gran Abuela estaba presta para recibir a la Niña Iriria, con tan mala fortuna que, untada de manteca de cacao, resbaló y recibió un golpe mortal. La Gran Abuela lloró desconsoladamente y de sus lágrimas surgieron los tigres, las águilas, los ríos, los lagos, el cacao, la avispa, el mosquito y la hormiga negra. Entre tanto, los danzantes pasaban por encima del cuerpo inerte de Iriria, hasta convertirla en polvo, del cual surgió el maíz, la yuca, la palma y los árboles frutales."

Taxonomia mitica: una nueva forma de encarar los relatos.
Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica
01-JAN-02
Chinchilla Sanchez, Kattia.



jueves, 21 de febrero de 2008

Mulurtmi o la Diosa del Mar

Mulurtmi
-Los bribris somos temerosos del mar, casi nunca nos adentramos en él. Quizás por eso le inventamos una bonita leyenda:
Mulurtmi era una mujer muy inquieta, siempre en movimiento. Un día fue a visitar a un awá. Cuando un awá guarda ayuno, no puede tocar a nadie, aclara Juanita Segundo al recrear la leyenda. Mulurtmi le pidió permiso de acostarse en su hamaca. No le costó mucho convencer al curandero. Entrada la noche, ella sintió deseos de orinar. Como estaba tan oscuro, le pidió su bastón prestado. Un awá nunca debe separarse de su bastón, pero Mulurtmi sabía cómo persuadir a los hombres. “Llévalo, pero no lo sueltes ni dejes que caiga al suelo”, recomendó el awá. Ella no hizo caso alguno y cuando intentó recuperar el bastón de la tierra, éste se convirtió en serpiente y la mordió. El awá no pudo curarla. Ella murió, pero su vientre crecía y crecía. “Dios, como es Dios, sabe lo que ella significa”, apunta Juanita, así que mandó unas ranitas a posarse en su estómago para que no estallara. Las ranas escucharon ruidos misteriosos en las entrañas de la diosa muerta. Era una criatura llorando desconsoladamente. Las ranitas se pusieron a arrullarla, pero el vientre seguía inflándose hasta reventar y lo que brotó fue un árbol y mucha agua salada. El árbol creció y creció, traspasó la bóveda del cielo. Sibú comenzó a preocuparse y envió a unos hombres a cortarlo, pero el árbol se sellaba cada vez que lo herían, porque los hombres comían alimentos secos. El árbol estaba a punto de romper el techo cósmico. Fueron enviados otros hombres que hundían el hacha en el tronco y sólo conseguían sacar astillas. Sibú mandó entonces a Okama y otros espíritus que al fin derribaron el árbol y, antes de que las aguas se perdieran en el espacio, mandó al venado a circundar la tierra para que el gran océano derramado de las entrañas de Mulurtmi quedase como un anillo alrededor del mundo. Fue así que las hojas se convirtieron en peces, las loras en tortugas, la araña en pulpo o en estrella de mar; y muchos pájaros que habían hecho su nido en el gran árbol se quedaron viviendo cerca del mar, como las gaviotas y las fragatas. Ese fue el mar apacible, intempestuoso, a veces femenino, que surcó Colón, el mar Caribe.
Tomado de "Sibú, los bribris y la diosa del mar" escrito por Yazmin Ross